lunes, 6 de noviembre de 2017

El «maestro» que cobra menos que el «alumno»


La Razón.es

Los TEDAX se juegan la vida en cada intervención. Los Mossos se instruyeron en esta especialidad en los cursos de la Policía y ahora ganan unos 700 euros netos más


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    El subinspector de la Policía Nacional y TEDAX, Julio de la Iglesia con uno de los robots que se emplean en la desactivación de explosivos
05 de noviembre de 2017. 03:25h

Los Técnicos Especialistas en Desactivación de Artefactos Explosivos (TEDAX) forman parte de una élite de la Policía Nacional que trabaja de manera discreta, silenciosa y sacrificada. Saben que «el primer error es el último». Han intervenido en varios miles de incidentes con un solo objetivo: salvar vidas aún a costa de arriesgar la suya. También contribuyen a aminorar la destrucción de todo tipo de bienes tanto públicos como privados. Además, han asumido también las funciones derivadas de la amenaza NRBQ (nuclear, radiológica, químico y biológica) lo que les sitúa en el nivel más alto de un incidente o la lucha contra el terrorismo.
El subinspector Julio de la Iglesia tenía 27 años cuando decidió ingresar en el Cuerpo Nacional de la Policía. Trabajaba en un banco, con un buen sueldo, cuando marcó el 091 pensando que allí le dirían como lograr el sueño que tenía cuando era niño: ser policía. «Me dijeron que ése era un teléfono de urgencias, y que ahí no daban ese tipo de información, pero yo no conocía a nadie que me orientara y me dio el nombre de una academia para opositar». «Entonces mi ex suegra me advirtió de que en la Policía se pagaba muy mal, me dijo que era muy peligroso; que con lo que estaba ganando entonces... Además tampoco estábamos muy bien mirados...» «Pero yo tenía el convencimiento de que era lo que quería». Se matriculó en dos academias, una por la mañana y otra por la tarde y se sacó el carné de conducir en tiempo record. Quedó el primero en la oposición. Tras unos años en la Brigada Provincial de Madrid pasó al Grupo anti ETA y fue allí donde se topó con la especialidad que lleva ejerciendo durante 17 años: TEDAX. En los años en los que la banda terrorista fustigaba España, una carta bomba llegada a la antigua Casa de Correos le había volado la mano a un cartero; quedaba otra por desactivar. «Hasta allí llegamos los de información, los zetas... y sólo quedó una persona en medio, con un traje de astronauta para mí y nos atrincheramos todos para dejarle trabajar a él», recuerda. Tras desactivarla, se quitó el casco y sudando le pidió un cigarro. Ese día no dejó de pensar que él quería ser uno de ellos.
Los primeros TEDAX de los Mossos d`Esquadra se instruyeron en los cursos que impartía la Policía Nacional y ahora, curiosamente existe una diferencia salarial entre ambos Cuerpos y especialidad que puede rondar entre los 700-800 euros netos. Iglesias, miembro de la Unión Federal de la Policía (UFP), destaca que su labor como policía es «muy vocacional», de hecho «gané menos de Policía que lo que ganaba entonces en la calle, pero me compensaba por otras cosas. Creo que se nos debe pagar en su justa medida y que nuestro esfuerzo sea valorado tanto por la sociedad como por nuestros políticos». De hecho el agravio comparativo con la policía autonómica ya le parecía mal en sus inicios.
Para un desactivador «la mayor recompensa es el trabajo bien hecho» asegura. «No buscamos la medalla ni la notoriedad sino que cuando nos llamen podamos hacer nuestro trabajo con dignidad y valor».
El miedo también va asociada a esta profesión de riesgo y se entrenan para combatirlo. «Si el miedo lo alimentas no te deja trabajar, te puede bloquear. Una de las cualidades de cualquier TEDAX es el control de las emociones, la templanza, la creatividad, la disciplina con la que haces lo que tienes que hacer, porque te has entrenado para ello, porque es tu deber». El subinspector recuerda que es una especialidad formada «por hombres y mujeres –18 mujeres en toda España– , con hijos, familia –estemos o no separados– y entre nosotros no hay ningún suicida », subraya. «Es una labor que se basa en el conocimiento, la técnica y el coraje». Le tocó vivir, junto a sus compañeros, la masacre del 11-M en la estación de El Pozo. «Fue una experiencia muy dura». Asegura que «implicarse emocionalmente es perder el control. Hay que tener serenidad de presencia y cuanto más complicada es la situación, más serenidad a la hora de actuar».
Dice que cada día acude a un trabajo «donde quiero venir a trabajar. Me encuentro además con un equipo muy motivado y compañeros que son muchos amigos». Recuerda que «por desgracia 13 desactivadores han muerto en acto de servicio más otros tantos heridos». «En el tiempo que llevamos, en toda España hemos cubierto 350.000 incidencias de las cuales 12.700 son de artefactos reales».
El curso TEDAX es uno de los más largos en su formación y cada año se están actualizando. «Y es que cuando hay un incidente con bomba «o resolvemos nosotros o no resuelve nadie». «Somos el último eslabón de la cadena».

Un policía nacional de Talavera nos cuenta su experiencia en Cataluña: ‘Hay un antes y un después del 1-0

 

La voz del Tajo.com

Prefiere mantener el anonimato, lo respetamos. Se trata de un talaverano enrolado en las filas de la UIP (Unidad de Intervención Policial) que ha sido desplazado –con cientos de compañeros– a Cataluña para reforzar la seguridad a la vista de los acontecimientos acaecidos en las últimas semanas. Ante todo, cuando le preguntamos qué siente viviendo la situación actual en primera persona una sola palabra inunda su garganta: ‘EMOCIÓN’.

Su trabajo no es de los más agradecidos ni los más entendidos, puesto que la actuación de un poli- cía de intervención siempre está en el ojo del huracán, allá donde hay conflictos, pero él nos asegura que siente alegría por “haber descubierto una Cataluña diferente”.

Tiene muy claro que “hay un antes y un después del 1 de octubre”, pero no por las circunstancias independentistas, las noticias que aparecen en los medios o el propio referéndum sino porque “la gente catalana que se siente española ha dado un paso adelante y ya no es- conde su forma de pensar. Y esa situación la exterioriza con nosotros. Nadie podía imaginar que recibiríamos tal cantidad de muestras de apoyo y reconocimiento hacia nuestro trabajo por parte de la población”.

Esa ‘gratificación de la gente’ (como la define este policía talaverano) es el mayor valor con el que cuentan él y sus compañeros en este momento convulso.

Pero también existe la incertidumbre en su ánimo, porque nadie sabe qué ocurrirá mañana ni cuánto

tiempo durará esto, pero “estamos contentos porque estamos participando en primera persona en un episodio importante de la Historia de España”.

“No es lo mismo verlo desde Talavera que vivirlo aquí, en Cataluña”, nos atestigua, “estar continuamente a la expectativa es nuestro trabajo, pero haber tenido que dejar nuestros alojamientos en la comunidad autónoma de Cataluña y tener que hospedarnos en Aragón o Valencia no ha sido nada agradable. Eso sí, las muestras de cariño enjugan cualquier mal sentimiento”.

La labor de un UIP, como reflejamos en el apoyo junto a estas líneas, es ‘la actuación en inminentes o graves episodios de alteración de la seguridad ciudadana que ocurran en territorio español’ y a eso se refiere este policía cuando han surgido muchas críticas a su trabajo. “Sólo hemos cumplido con un man- dato judicial y tras pedirle a la gente que obstaculizaba nuestra entrada en los colegios que nos dejara pasar para cumplirla, y se negaban, volver a pedírselo cogiéndole del brazo, y se volvían a negar (todo aderezado con insultos, empujones, escupitajos y forcejeos), no tenemos más remedio que actuar para poder acceder a los centros y así conseguir hacer cumplir la Ley”, nos relata.

Además, miles de anécdotas complementan su estancia en Cataluña –no sabe hasta cuándo–. “Ayer un hombre paró su coche junto a mí y se puso a llorar dándonos las gracias por estar aquí. Días atrás una chica, muy emocionada, se dirigió a nosotros diciéndonos que ‘no les dejáramos solos’, un hombre mayor nos agradecía nuestra labor asegurando que todo esto era una locura, esos son los detalles que gratifican nuestro trabajo”, el trabajo de un policía talaverano en Cataluña.

LA UIP
Las UIP fueron creadas en 1989 mediante el real decreto 1668/1989 del 29 de diciembre, siendo José Luis Corcuera ministro del interior. Su principal objetivo es la actuación en inminentes o graves episodios de alteración de la seguridad ciudadana que ocurran en territorio español. En concreto dicho real decreto las atribuye las siguientes funciones:

- Colaboración en la protección de SS. MM. los Reyes de España y altas personalidades nacionales y extranjeras.

- Prevención, mantenimiento y restablecimiento, en su caso, de la seguridad ciudadana. - Intervención en grandes concentraciones de masas, reuniones en lugares de tránsito público, manifestaciones y espectáculos públicos.

- Actuación y auxilio en caso de graves calamidades o catástrofes públicas.

- Actuación en situaciones de alerta policial, declarada, bien por la comisión de delitos de carácter terrorista o de delincuencia común y establecimiento de con- troles y otros dispositivos policiales.

- Protección de lugares e instalaciones en los supuestos en que así se determine.

- Intervención en motines y situaciones de análoga peligrosidad.

martes, 12 de septiembre de 2017

RASCAYÚ al ataque................

El día 28 de diciembre de 1.999, puse el siguiente mensaje en la Lista. Hoy después de 18 años el problema continúa y acrecentado al máximo por éstos políticos antipatriotas que nos tocó en la lotería nacional.
""Los hombres de nuestra transición, en su afán imposible de no parecer franquistas, cuando de hecho lo han sido hasta el tuétano, renunciaron a su amor a ESPAÑA, que era lo único que todos los españoles compartían. Esta renuncia vergonzante y criminal ha debilitado por completo la idea plurisecular de la nación española.

Crearon las Autonomías, unos entes caducos y costosos, a los cuales arroparon con multitud de funcionarios y jugaron con el erario público, para enjabonar al político de turno, con prebendas de toda índole, estableciéndose los correspondientes pactos políticos, que no es otra cosa, que el reparto de los trozos que aún quedan del suelo patrio.
Han logrado acrecentar los tradicionales pleitos regionales, estableciéndose un desequilibrio entre los habitantes de diferentes autonomías y en el plano policial su gestión ha sido un verdadero desastre, creando Cuerpos de Seguridad a diestro y siniestro con el único fin de servir de cohorte al Califa de turno.
¿Cómo entender que entre Policías del mismo Estado y con el mismo nivel y rango haya diferencias salariales de hasta un 35% explicables sólo por el hecho de estar al servicio de unas Autonomías diferentes?
¿No es ésta una aberración ante la que el Gobierno asiste con faz absurdamente imperturbable?.
Lo que resulta totalmente ilógico y de todo punto reprobable, es que se castigue con premeditación y alevosía a sus mejores servidores, a los más nobles, a aquellos que dejan la piel día a día por toda la geografía española, sin importarles la región donde se encuentre, a aquellos que luchan contra ese terrorismo rastrero fomentado por los nacionalistas irredentos, con una eficacia probada, a aquellos que están pagando cárcel por cumplir con su deber.
Me estoy refiriendo a esos servidores del orden que componen el Cuerpo Nacional de Policía y Guardias Civiles, que sin medios y muchos obstáculos en su camino, saltan continuamente sobre los mismos para cumplir con su misión. Sólo la ceguera y la codicia por parte de nuestros políticos impide ver el panorama que tienen ante ellos.
Lo escrito anteriormente es un alegato en defensa de un colectivo que está marginado y en ningún caso va contra ningún cuerpo policial ajeno a las Fuerzas de Seguridad del Estado. En el mismo sólo he querido exponer muy someramente un problema que ya se está enquistando.""
RASCAYÚ al ataque................
Gracias amigo.

miércoles, 28 de junio de 2017

Las 22 actuaciones que falsificaron el 11-M

El Español.Com

La tribuna

El autor analiza las incoherencias de la investigación del 11-M y reconstruye las anomalías que permitieron que se eliminasen pruebas cruciales.

Carlos Sánchez de Roda



El reciente atentado de Mánchester da pie para recordar, una vez más, las grandes dudas que envuelven la investigación del 11-M. Basta para ello con comparar la lógica forma de identificar el artefacto utilizado en Mánchester con la inexplicable investigación realizada el 11-M.
En el 11-M, las diez bombas que estallaron en los trenes y las otras dos que, tras ser encontradas intactas, fueron explotadas de forma controlada por los Tedax, fueron asimiladas judicial y policialmente a una mochila aparecida en la comisaría de Vallecas y que nadie vio en los trenes. Nada de lo que quedó en los focos, restos, huellas, roturas, deformaciones, fue tenido en cuenta para determinar las características de los artefactos, todo se redujo a tomar la mochila de Vallecas como arquetipo de todas las demás, sin siquiera comparar su composición con lo recogido y visto en los trenes, para luego limitarse a seguir dócilmente el hilo que empezaba en ella.
Extracto del informe
Extracto del informe
Pero no era fácil dar el cambiazo y evitar las comparaciones entre lo que quedó en los trenes y el contenido de la mochila. Para que eso fuera posible había que apartar cualquier dato que, procedente de los trenes, fuese contradictorio con un contenido de la mochila perfectamente detallado en solitario por el comisario Sánchez Manzano (1) tras la desactivación efectuada por sus artificieros Tedax: una bolsa de deportes de loneta color azul marino, 10.120 gramos de goma 2 ECO, 640 gramos de tornillos y clavos, un teléfono móvil Trium, una tarjeta Amena-Auna 32 K -número 652 282963-, cables de color rojo y azul, un detonador y un cargador Trium modelo MA0501. Y para eliminar todo lo que se opusiera en los trenes a esos elementos, tenían que ocurrir muchas cosas, tenían que ocurrir por lo menos las siguientes veintidós actuaciones:
1.- Ante todo, que la mochila estuviese preparada para no estallar dejando, por ejemplo, un cable suelto, y poder así conservar todos sus componentes. Además, si para proceder a su desactivación los artificieros pedían la evacuación de alguna vivienda próxima por el peligro de rotura de cristales, el jefe de la operación, tras efectuar una llamada telefónica, podría afirmar que no era necesaria la evacuación, evitando así dar excesiva repercusión pública al asunto.
2.- Que no existiesen o no apareciesen las obligatorias actas de recogida de muestras en los trenes, con enumeración de todas ellas y de los respectivos lugares en los que se recogieron.
3.- Que no existiera o no apareciera el inventario de las muestras analizadas químicamente en el laboratorio Tedax, con descripción y fotografía de todas y cada una de ellas.
4.- Que desaparecieran las muestras de tierra y de balasto tomadas en los cráteres producidos por las explosiones bajo los trenes, sin que quede constancia de si se analizaron o no, ni del resultado obtenido, en su caso, de esos análisis.
Fragmento del informe del Comisario del CNP Jorge Zurita, responsable de las primeras intervenciones policiales en Téllez. Se llega incluso a “salvaguardar y proteger la zona” de la que se tomarán las muestras del cráter.
Fragmento del informe del Comisario del CNP Jorge Zurita, responsable de las primeras intervenciones policiales en Téllez. Se llega incluso a “salvaguardar y proteger la zona” de la que se tomarán las muestras del cráter.
5.- Que las muestras tomadas en los trenes fuesen lavadas con agua y acetona en el laboratorio Tedax, y que luego esos líquidos desaparecieran sin dejar rastro.
6.- Que desaparecieran igualmente los algodones que los peritos Tedax impregnaron pasándolos por los focos de las explosiones.
7.- Que no existiera o no apareciera el acta detallada de los análisis químicos efectuados en el laboratorio Tedax, y que se sustituyera por unos resultados ambiguos y genéricos.
Resultados completos de los análisis de los explosivos de los trenes dados en el informe de la perito del laboratorio Tedax.
Resultados completos de los análisis de los explosivos de los trenes dados en el informe de la perito del laboratorio Tedax.
8.- Que, tras los primeros análisis del laboratorio Tedax, no se enviaran las muestras, con su inventario y cadena de custodia, al mejor dotado laboratorio de la Policía Científica.
9.- Que tras año y medio de realizar hasta cuatro periciales sobre la metralla de los trenes para las que sólo existía un clavo, cuando el juez pidiese expresamente su comparación pericial con la metralla procedente de la mochila de Vallecas, surgiese de la nada todo un surtido de clavos y tornillos atribuidos a los trenes, inexistentes hasta entonces y, naturalmente, muy coincidentes en sus dimensiones con los de Vallecas.
Súbita aparición en diciembre de 2005 de 21 tornillos y 32 clavos inexistentes para las cuatro periciales sobre metralla realizadas anteriormente.
Súbita aparición en diciembre de 2005 de 21 tornillos y 32 clavos inexistentes para las cuatro periciales sobre metralla realizadas anteriormente.
10.- Que no se realizara o no apareciera su acta, y que el juez no ordenara su realización, una pericial que analizase la posible pertenencia a las bombas de elementos tales como los siguientes, recogidos todos ellos en la estación de El Pozo: Trozos de bolsa de tejido azul con cremallera, hebilla y fragmentos de plástico, restos de cilindro metálico y circuito electrónico, pila de petaca bobina eléctrica y piezas metálicas, fragmentos de lo que parece un teléfono móvil, cargador y batería de 3,6 V.
11.- Que no se analizara ninguna muestra de las ropas de las víctimas, incumpliendo así la Recomendación (99) 3 del Consejo de Ministros de la UE, de 2 de febrero de 1999, para la armonización metodológica de las autopsias médico-legales, adoptada por el gobierno de España, que dice para estos casos que deben conservarse muestras de tejidos, de la ropa, etc., para su análisis químico, con el fin de identificar el tipo de explosivo.
12.- Que si el tribunal juzgador ordenaba realizar en el laboratorio de la Policía Científica una pericial química sobre las trazas de explosivo presentes en las muestras de los trenes, no existiese o no apareciese el acta de entrega de esas muestras al laboratorio de la Policía Científica, ignorándose quién, cuándo y cómo hizo esa entrega.
13.- Que las muestras llegaran a ese laboratorio sin cadena de custodia, como lo prueban los escritos de varios de los peritos actuantes y las transformaciones sufridas por varias de ellas entre la última pericial de metralla (2) y la de explosivos.
Textos incluidos en el acta por varios peritos intervinientes en la pericial de explosivos realizada por orden del Tribunal en mayo de 2007, con referencias a la carencia de cadena de custodia de las muestras.
Textos incluidos en el acta por varios peritos intervinientes en la pericial de explosivos realizada por orden del Tribunal en mayo de 2007, con referencias a la carencia de cadena de custodia de las muestras.
14.- Que en la noche siguiente a la aparición de un componente incompatible con la goma 2 ECO en la pericial de explosivos, las cámaras colocadas por el tribunal en el laboratorio dejasen de grabar, bien fuese por un oportuno apagón o bien por un oportuno obstáculo colocado ante ellas, y que a la mañana siguiente se detectaran múltiples e inexplicables “contaminaciones” en las muestras.
15.- Que si alguna instancia policial, por ejemplo, la brigada provincial Tedax de Madrid, pedía la conservación de los trenes para investigarlos durante el tiempo necesario, no se atendiera esa petición.
Transformación de la única muestra de metralla analizada procedente del tren de Santa Eugenia. A la izquierda la muestra en la pericial de diciembre de 2005 en el laboratorio Tedax. A la derecha, la misma muestra, tras pasar por el juzgado, tal y como aparece en la pericial de mayo de 2007 en el laboratorio de la Policía Científica. ¿Qué tipo de cadena de custodia hubo?
Transformación de la única muestra de metralla analizada procedente del tren de Santa Eugenia. A la izquierda la muestra en la pericial de diciembre de 2005 en el laboratorio Tedax. A la derecha, la misma muestra, tras pasar por el juzgado, tal y como aparece en la pericial de mayo de 2007 en el laboratorio de la Policía Científica. ¿Qué tipo de cadena de custodia hubo?
16.- Que los trenes fuesen desguazados y desaparecieran rápidamente, antes de que la Policía Científica pudiera investigarlos a fondo.
17.- Que si un tren se salvaba del desguace y la zona próxima a su foco de explosión se conservaba misteriosamente, esa circunstancia permaneciese oculta para las partes y fuese totalmente ignorada tanto en la instrucción como en el juicio oral, y que si esos restos eran visitados por peritos policiales durante la redacción de un informe pericial sobre las explosiones, ordenado por el juez instructor, esos peritos no dieran cuenta de su existencia ni de su visita en su pericial, e ignorasen en sus conclusiones importantes datos siempre ocultos de esa explosión (3).
18.- Que a pesar de que la Fiscalía escribiese más tarde (4) que esos restos conservados tan sigilosamente eran objetos de pruebas y que se habían adoptado medidas para la conservación de dichos restos, ante la eventualidad de posibles análisis posteriores. Y que todo ello se llevó a cabo con pleno conocimiento de los órganos judiciales de la instrucción de la causa y del enjuiciamiento, que fueron informados en su momento, y a pesar de tratarse del único foco de los trenes conservado en su integridad, no se conozca ningún análisis posterior realizado con ellos, y que ni siquiera se mencione su existencia en toda la instrucción ni en el juicio.
Nota de prensa de la Fiscalía de Madrid. Los restos que en ella se citan, tan importantes para la Fiscalía en 2012, jamás fueron ni siquiera mencionados en la instrucción, ni en el juicio ni en la sentencia del 11-M. Pertenecían al tren de Santa Eugenia.
Nota de prensa de la Fiscalía de Madrid. Los restos que en ella se citan, tan importantes para la Fiscalía en 2012, jamás fueron ni siquiera mencionados en la instrucción, ni en el juicio ni en la sentencia del 11-M. Pertenecían al tren de Santa Eugenia.
19.- Que la destrucción de los trenes se llevase a cabo sin ninguna autorización u orden conocida para realizarla, sin que ello promoviese ninguna iniciativa judicial o policial para investigar cómo pudo ocurrir tal ilegalidad.
20.- Que esa destrucción de los trenes se produjera sin que judicialmente existiera ni siquiera un reportaje fotográfico detallado que permitiese realizar una adecuada pericial sobre lo allí ocurrido, de forma que cuando peritos de la Policía y de la Guardia Civil realizasen una pericial de las explosiones, por orden del juez instructor, hubiera que recurrir a fotografías tomadas por bomberos, ferroviarios y policías municipales.
El juez Del Olmo entrega a los peritos de Policía y Guardia Civil, encargados de realizar el informe conjunto sobre las explosiones de los trenes, fotos realizadas por Policía Municipal, Renfe y Bomberos, fotos que luego fueron utilizadas en su informe pericial.
El juez Del Olmo entrega a los peritos de Policía y Guardia Civil, encargados de realizar el informe conjunto sobre las explosiones de los trenes, fotos realizadas por Policía Municipal, Renfe y Bomberos, fotos que luego fueron utilizadas en su informe pericial.
21.- Que cuando el juez plantease la posibilidad de reconstruir las explosiones en los trenes, el comisario Sánchez Manzano se adelantase a la opinión de los expertos rechazando esa posibilidad, pues tal reproducción no aportaría datos objetivos.
22.- Que los peritos artificieros se adhiriesen fielmente después a la opinión de su jefe y también ellos rechazasen la oportunidad de reproducir las explosiones de los trenes.
El Ayuntamiento de Madrid trata el robo de los restos del 11-M en el taller de la empresa Tafesa.
El Ayuntamiento de Madrid trata el robo de los restos del 11-M en el taller de la empresa Tafesa.
Todo eso tenía que ocurrir y todo eso ocurrió, y obsérvese la estrecha relación de casi todo ello con Sánchez Manzano, comisario jefe de los Tedax. Y la concurrencia de esas veintidós anómalas actuaciones no pudo ser casual, pues el incumplimiento de una sola de ellas podía haber puesto patas arriba toda la verdad oficial del 11-M. Tenía que haber un objetivo, una dirección que promoviera y controlara todo ello, y es fácil suponer qué es lo que se buscaba. Pero la sola existencia de este entramado permite asegurar que las bombas de los trenes nada tenían que ver con la mochila de Vallecas, en caso contrario, en vez de esas inexplicables actuaciones lo que habríamos tenido sería toda una serie de coincidencias entre la mochila y las bombas.
Uno de los precintos de la Guardia Civil colocados por orden del Fiscal General del Estado en el recinto que guardaba los restos del foco de explosión del tren de Santa Eugenia (foto del autor).
Uno de los precintos de la Guardia Civil colocados por orden del Fiscal General del Estado en el recinto que guardaba los restos del foco de explosión del tren de Santa Eugenia (foto del autor).
Gracias a todo ello, el Tribunal pudo dictar una sentencia basada en la autenticidad y en la composición de la mochila de Vallecas, cuya falsedad echaría por tierra toda la argumentación judicial y, con ella, la propia sentencia. Y cuando el 17 de julio de 2008 el Tribunal Supremo dictó la sentencia definitiva, parecía que los protagonistas de la eliminación de las pruebas de los trenes habían logrado definitivamente su objetivo.
Sin embargo, surgió algo sorprendente, algo imprevisible para los que consideraban cerrado y bien atado el caso. Un año después del carpetazo decretado por el Supremo, en julio de 2009, la Asociación de Ayuda a las Víctimas del 11-M, a través de su abogado José María de Pablo, presentó una querella contra el comisario Sánchez Manzano y la perito de su laboratorio químico, por los delitos de omisión del deber de perseguir delitos, encubrimiento por ocultación de pruebas y falso testimonio. Y la querella fue admitida a trámite por e Juzgado de Instrucción número 43 de Madrid, que dirigía Coro Cillán. Se abría así una inesperada esperanza de que por fin la verdad saliera a la luz.
Y la juez Coro Cillán luchando contra los numerosos obstáculos que se iba encontrando en el camino, eludiendo durante dos años y medio las fuertes presiones que recibía, y rechazando las sucesivas peticiones de sobreseimiento, mantuvo la investigación abierta con el apoyo del fiscal. Durante ese tiempo declararon ante Coro Cillán numerosos e importantes testigos policiales, ferroviarios, y otros que no lo habían hecho en el juicio del 11-M. Muchas de esas declaraciones aportaban importantes nuevos datos a lo ocurrido con los trenes y con la toma de muestras en ellos (5).
El recinto que guardaba los restos de Santa Eugenia destruido y saqueado el 22 de octubre de 2013 (foto del autor).
El recinto que guardaba los restos de Santa Eugenia destruido y saqueado el 22 de octubre de 2013 (foto del autor).
Pero se estaba yendo demasiado lejos. Había que pararlo como fuera. Hubo un primer archivo de la causa decretado el 7 febrero de 2012, en el que se alegaba un absurdo e inexistente caso de “cosa juzgada”, archivo que se produjo precisamente el día siguiente al de la declaración ante Coro Cillán del que era presidente de Renfe el 11-M, Miguel Corsini, y coincidiendo en el tiempo con la aparición de los antes mencionados restos de uno de los focos de explosión de los trenes. Ya en octubre de 2013, esos restos, sigilosamente conservados y precintados por la Guardia Civil por orden de la Fiscalía, vieron violentados sus precintos, destruido el recinto que los guardaba y fueron finalmente robados en presencia y con ayuda policial (6), al tiempo que la juez Coro Cillán, que estaba suspendida cautelarmente, era inhabilitada por prevaricación por un asunto ajeno al 11-M.
Hubo nuevos intentos de la Asociación de Ayuda a las Víctimas del 11-M de reapertura de la causa, pero todo fue en vano, el 19 de abril 2016, la Audiencia Provincial archivó definitivamente la querella, entretanto, la juez Coro Cillán había sido expulsada de la judicatura y su vida había quedado destrozada.
El 23 de octubre de 2013, un vehículo policial ante la puerta de entrada del taller en el que se estaba consumando el robo de los últimos restos de un tren del 11-M (foto del autor).
El 23 de octubre de 2013, un vehículo policial ante la puerta de entrada del taller en el que se estaba consumando el robo de los últimos restos de un tren del 11-M (foto del autor).
Y así se perdió, por ahora, la esperanza de ver por fin dirigida la investigación del 11-M a los trenes y a lo ocurrido con ellos y con lo de ellos extraído, y no a una mochila fantasma, que nadie vio en los trenes y que es incompatible con diversas actuaciones sumariales y con varias de las importantes declaraciones prestadas bajo juramento ante la juez Coro Cillán, las cuales han quedado archivadas y escondidas, que nadie se atreva a invocarlas. Para la justicia española esas declaraciones no han existido.
*** Carlos Sánchez de Roda es ingeniero y autor del libro 'Los trenes del 11-M' (Última línea, 2015), donde expone cómo la precipitación en el desguace de los vagones provocó grandes lagunas e incluso errores judiciales que podrían haberse evitado.
1. El Comisario Sánchez Manzano suscribió en solitario la nota informativa emitida tras la desactivación de la mochila de Vallecas. No se ha dado a conocer el acta que debieron suscribir los artificieros, cuyas identidades ni siquiera aparecen en la nota de Sánchez Manzano.
2. La última pericial sobre metralla se realizó el 14 de febrero de 2006, y la de explosivos del juicio finalizó el 15 de mayo de 2007.
3. El tren de Santa Eugenia no fue desguazado, sino reparado, y sus restos conservados sigilosamente durante 9 años.
4. Nota de prensa de la Fiscalía de Madrid de 6 de junio de 2012, tras la publicación en el periódico Libertad Digital de la existencia de esos restos hasta entonces desconocidos para todo el procedimiento judicial.
5. Algunas de esas declaraciones se comentan aquí.
6. La Policía Nacional, junto a personal de Adif, vigiló la entrada al taller en el que se realizaba el expolio. La Policía Municipal colaboró en la salida de camiones del recinto, como lo prueba al Diario de Sesiones del Ayuntamiento.

jueves, 25 de mayo de 2017

La reconstrucción del 11-M que nadie quiere hacer

 

 

El Español.com

Tribuna


Carlos Sánchez de Roda

La reconstrucción del 11-M que nadie quiere hacer

El pasado 9 de septiembre, un tren entró a excesiva velocidad en los cambios de vía de la estación de Porriño (Pontevedra), descarrilando y golpeando los muros de un paso superior y los postes de electrificación, a consecuencia de lo cual hubo cuatro víctimas mortales y medio centenar de heridos.
Seis meses después, el pasado 9 de marzo, cumpliendo las órdenes del juez instructor del caso, se llevó a cabo una reconstrucción de los hechos dirigida por peritos judiciales y técnicos de la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios. Se reconstruyó lo ocurrido reproduciendo las mismas condiciones que el día del accidente, se repitió paso a paso el recorrido del tren accidentado, se siguió el mismo horario que el día del accidente y la misma secuencia de señales.
A continuación, los peritos se desplazaron a unas instalaciones de Adif en Redondela, lugar al que había sido trasladado el tren accidentado y en el que se encuentra desde entonces depositado y custodiado. Allí los técnicos realizaron nuevas comprobaciones. Todo ello es completamente normal. A nadie puede extrañarle este modo de proceder, que se repite siempre en casos similares. Se reconstruye lo ocurrido y se investiga el lugar de los hechos.
Los peritos de Porriño sí pudieron acudir, seis meses después del accidente, a inspeccionar el tren siniestrado
Sin embargo, algo tan básico, algo tan lógico como es una reconstrucción de lo ocurrido, no se realizó tras el terrible atentado del 11-M, en el que hubo nada menos que 192 víctimas mortales y miles de heridos. Y no se aplicó ese procedimiento tan normal a pesar de las enormes dudas que ensombrecen todo lo relacionado con la naturaleza de las bombas que estallaron en los trenes y con el explosivo empleado.
Y hay además otro asunto de gran importancia, y es que los peritos de Porriño pudieron acudir, seis meses después del accidente, a inspeccionar el tren en el lugar en el que se conservaba debidamente custodiado. En el 11-M, a pesar de haber pedido expresamente que se conservaran los trenes (1), los peritos se quedaron muy pronto sin ellos, pues todos menos uno desaparecieron en pocos días. Se salvó el que explotó en Santa Eugenia, cuyo misterioso e insólito tratamiento expuse en un artículo anterior.
El 11-M se cerró judicialmente equiparando las bombas explotadas con las de una mochila aparecida en la comisaría de Vallecas que nadie vio en los trenes, mochila que contenía una metralla que los forenses no encontraron en los cuerpos de las víctimas y de cuyas huellas en los vagones no hay noticia que se haya investigado. Por otra parte, los análisis químicos de las trazas de explosivo realizados en el laboratorio Tedax se cerraron con algo tan poco concreto como “componentes de dinamita”, sin que se acudiera al mejor dotado laboratorio de la Policía Científica para tratar de aclarar algo más esa imprecisa conclusión.
El juez del 11-M no ordenó reconstruir los hechos: se limitó a plantear a los peritos si lo consideraban necesario
En esa situación es evidente la importancia que habría tenido hacer algo tan normal como es una reconstrucción de las explosiones, utilizando para ello una mochila de las características de la de Vallecas y comprobando los efectos de su explosión en un tren, pero lamentablemente una prueba tan crucial y clarificadora no se llevó a cabo. Aunque, como veremos a continuación, sí hubo un tímido, aunque fallido, intento de realizarla.
Más de un año después del atentado, el 16 de marzo de 2005, el juez instructor del 11-M ordenó que cuatro peritos especialistas en explosivos de la Policía y de la Guardia Civil, dos de cada cuerpo, realizaran un informe conjunto sobre las explosiones en los trenes. Dentro de las cuestiones planteadas por el juez a los peritos estaba la siguiente (documento 1): “Si consideran necesario, al objeto de contestar con la adecuada precisión a las anteriores cuestiones, reproducir o simular, utilizando vagones de idénticas características a los que sufrieron los atentados, las explosiones que pudieron realizarse”.
Es decir, en este caso, a diferencia del de Porriño, el juez no ordena reconstruir los hechos, sino que se limita a consultar a los peritos “si consideran necesario reproducir o simular las explosiones”. Al parecer, el propio Del Olmo no lo consideraba muy necesario, pues no se atrevió a ordenar su realización, y trasladó la decisión a los propios peritos.
Fragmento de la providencia por la que el juez Del Olmo ordenaba realizar un informe conjunto Policía Guardia - Civil
Fragmento de la providencia por la que el juez Del Olmo ordenaba realizar un informe conjunto Policía Guardia - Civil
Los destinatarios de la consulta hecha por el juez están muy claros: los cuatro peritos que han de designar, por parejas, Policía y Guardia Civil. El asunto le llegó al comisario jefe de los Tedax de la Policía, Sánchez Manzano, quien interpretó de una forma muy curiosa y personal la orden del juez, y en vez de designar a los peritos para que redactaran, con los de la Guardia Civil, el informe pedido por Del Olmo, lo que hizo fue elaborar él mismo su propio informe personal, firmado por él y sólo por él, constituido en perito especialista único, y remitírselo al Juez denominándolo equívocamente "informe elaborado por la Unidad Central de Desactivación de Explosivos y NRBQ" (documento 2). Así pues, Sánchez Manzano elabora y envía al juez un informe que no se le había pedido a él, sino a cuatro peritos.
Oficio de respuesta a la petición por el juez de un informe pericial conjunto. El Subdirector General Operativo dice adjuntar un “informe elaborado" por el Tedax. En realidad, sólo lleva la firma de Sánchez Manzano.
Oficio de respuesta a la petición por el juez de un informe pericial conjunto. El Subdirector General Operativo dice adjuntar un “informe elaborado" por el Tedax. En realidad, sólo lleva la firma de Sánchez Manzano.
Y no era la primera vez que Sánchez Manzano actuaba de esta forma, pues ya el 10 de junio de 2004 había redactado su propio informe personal relativo entonces a la mochila de Vallecas. Y hay que recordar aquí lo que escribe en su libro el propio Manzano en relación con su firma de los informes periciales (2): "Mi firma consta en este documento, como en todos los informes periciales, bajo las abreviaturas del visto bueno. Ese visto bueno, que encabeza la firma del jefe de la dependencia, no implica asumir su contenido, lo que resultaría improcedente, salvo que reuniera las condiciones de perito y hubiera participado en la práctica de la pericia".
Pero en este caso su firma no va precedida de las abreviaturas del visto bueno. Alguna razón muy poderosa debía tener en este caso el Comisario Jefe para incumplir la orden del juez y constituirse él mismo en único autor del informe, sin el visto bueno de nadie.
Y creo que queda claro que, con el envío del informe, se da por contestada la petición del juez, pero no se dice nada respecto a que se trate de un informe conjunto con la Guardia Civil, como se le pedía expresamente, sino que se trata de un informe de la Unidad Central de Desactivación de Explosivos y NRBQ. Es como si se tratara de evitar la colaboración con la Guardia Civil, y se intentara contentar al juez con un informe sustitutivo propio que nadie le había pedido.
En su informe personal, Manzano contesta una por una las cuatro cuestiones planteadas por el juez y, entre ellas, lo relativo a la posible reconstrucción de las explosiones. Y claro, Sánchez Manzano estima que esas reconstrucciones no son necesarias (documento 3), puesto que “no aportarían unos datos objetivos, que permitan contestar con la adecuada precisión a las cuestiones planteadas”, y utiliza como argumento que los efectos de la explosión “dependen de diferentes factores”, como si no pudiesen ser reproducidos factores como los por él invocados: compactación, confinamiento del explosivo, colocación del artefacto e iniciación de la carga, del medio que les rodea, del lugar donde se produce, etcétera. ¿De verdad que esos factores no podían ser reproducidos? Siguiendo tan extraño criterio serían muy pocos los casos reproducibles.
Fragmento de la respuesta de Sánchez Manzano al requerimiento del juez: La reproducción de lo ocurrido “no aportaría datos objetivos”.
Fragmento de la respuesta de Sánchez Manzano al requerimiento del juez: La reproducción de lo ocurrido “no aportaría datos objetivos”.
Lo que sí hizo Sánchez Manzano fue designar a los dos peritos que le pedía el juez, pero no los nombró con la misión que se le solicitaba, que era clara e inequívocamente redactar el informe -misión que ya el propio Manzano había cumplido por su cuenta-, sino que los designó “para ampliar los estudios realizados sobre estos u otros extremos”.
Pero claro, Del Olmo no se conformó con el informe de Manzano, pues no era eso lo que había pedido, y su respuesta fue convocar a los peritos designados por Manzano y por la Guardia Civil para que fueran ellos, y sólo ellos, quienes redactaran el informe solicitado.
Tras diversas vicisitudes en la redacción, ocasionadas por haber desaparecido los trenes que había que investigar y por no disponer del suficiente material fotográfico de los mismos -que hubo que suplir con el procedente de Renfe, Bomberos y Ayuntamiento-, los peritos emitieron su informe (documento 4), en el que, como cabía esperar, pues no sería procedente contradecir al comisario, descartan la posibilidad de reproducir las explosiones en los trenes, puesto que “no se pueden reproducir, con exactitud, ni las mismas condiciones que presentaban los artefactos que explosionaron, ni las existentes en el interior de los vagones en el momento de las explosiones. Por lo tanto, como quiera que las reproducciones no serían exactas, tampoco de su resultado se podrían extraer conclusiones válidas que permitan contestar con mayor precisión aún a las preguntas formuladas en la pericia”.
Fragmento de la página 78 del informe elaborado por los cuatro peritos de Policía y Guardia Civil.
Fragmento de la página 78 del informe elaborado por los cuatro peritos de Policía y Guardia Civil.
Y así se dio carpetazo al asunto. Se repiten los argumentos de Sánchez Manzano: las reproducciones no serían exactas. El comisario podía dormir tranquilo, no se revisaría su actuación investigadora del 11-M, como ya advertí en otro artículo.
En resumen, según la opinión de Sánchez Manzano y de los cuatro peritos que elaboraron el informe conjunto, como no se pueden reproducir las explosiones con exactitud, es mejor no reproducir nada y quedarnos con otras cosas mucho más exactas como el análisis químico que dio como resultado “componentes de dinamita” y “ninguna substancia digna de mención”; exactas como son las muestras de metralla que aparecen, desaparecen y se transforman en los almacenes Tedax; exactas como son las muestras de tierra y de algodones que se recogen, pero que no se sabe si se analizan o no y que, en cualquier caso, desaparecen; exacto como es el cráter fantasma producido en el tren de Santa Eugenia, desconocido para los peritos a pesar de que ése era el único foco de explosión que podían visitar y que seguramente visitaron; exactas como son las toneladas de material de los trenes que desaparecieron por arte de magia; exacta como es la limpieza a fondo a la que se sometió el tren de Atocha en la propia estación antes de sacarlo en la mañana del día 12, y del que desaparecieron toneladas de material con destino desconocido; exacto como es el desguace final de los trenes, realizado ante la policía, sin que al parecer nadie lo ordenara ni lo autorizara; exactos como son los restos del tren de Santa Eugenia, que aún se conservaban en las fechas en las que se redactó el informe conjunto, pero que fueron totalmente ignorados en ese informe; exacta como es la inexistencia de restos de los dispositivos y contenedores de ninguna de las 12 bombas explotadas; exactas como las fotos tomadas por ferroviarios y bomberos; exacto como es, sobre todo, la mochila de Vallecas, supuestamente recogida en El Pozo por concienzudos agentes Tedax que no desconfiaron de sus más de 10 kilos de peso y a cuyo interior ni siquiera echaron un vistazo tras las tres explosiones allí producidas; exacto como es su supuesto y rocambolesco recorrido por todo Madrid; exacto como es su supuesto contenido cargado de metralla que no apareció en los cuerpos de las víctimas y cuyas huellas nadie atestiguó haber visto en los trenes; exacta como es la desaparición de las fotos que se tomaron de su desactivación, y como es el centrarlo todo en esa mochila, que ella sí que es exacta, mucho más exacta que cualquier reproducción de las explosiones. Teniendo esa mochila, tan fiable, ¿para qué investigar más?
No, no se ha hecho todavía la reconstrucción de lo sucedido el 11-M, pero aún se podría hacer. Bastaría con que se lo propusiera alguna autoridad policial o judicial competente que se enfrentase a las trabas que con toda seguridad le opondrían los principales y más poderosos partidos. Esa reconstrucción aclararía muchas dudas, pero claro, ¿a quién interesa que se aclaren esas dudas? Ahí tenemos a las víctimas, que llevan 13 años reclamando verdad, justicia y dignidad sin que nadie las escuche y atienda.
(1) Los Tedax de Madrid propusieron trasladar los trenes del 11-M a un apeadero del distrito de Vicálvaro donde tenían previsto buscar durante semanas pruebas y muestras de explosivo con una inspección exhaustiva de los convoyes explosionados. Así lo declaró el 23 de noviembre de 2011 ante la juez Coro Cillán el Inspector Jefe de la Brigada Tedax Provincial de Madrid el 11-M, Cáceres Vadillo.
(2) Juan Jesús Sánchez Manzano, 'Las bombas del 11-M', 2013. Página 72.
*** Carlos Sánchez de Roda es ingeniero y autor del libro 'Los trenes del 11-M' (Última línea, 2015), donde expone cómo la precipitación en el desguace de los vagones provocó grandes lagunas e incluso errores judiciales que podrían haberse evitado.

domingo, 19 de marzo de 2017

Una región llena de bombas

 

El País

El equipo de desactivación de explosivos de la Guardia Civil tiene una media de dos o tres salidas a la semana por artefactos abandonados

Cuando suena el teléfono del Equipo de Desactivación de Explosivos (Edex) de la Guardia Civil de Madrid, sus seis integrantes saben que les toca salir a puntos muy distantes de la región. Los artefactos de la Guerra Civil son los que más trabajo dan a este grupo de especialistas, que reciben a diario información de organismos nacionales e internacionales de las bombas y de las novedades en los materiales utilizados.
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Bombas desactivadas por la Guardia Civil en la Comunidad de Madrid.
El trabajo de estos profesionales comienza por una formación como técnicos en desactivación de explosivos (Tedax). “Lo más importante es convencer a la mujer, que muchas veces no quiere. Después, se precisa mucha vocación y tener mucha sangre fría”, reconoce el responsable del equipo, el sargento primero Juan Domingo.
La región está plagada de bombas. Se concentran, lógicamente, en los puntos en los que se registraron batallas en la Guerra Civil. Se llevan la palma el eje formado por Brunete, Quijorna y Villanueva de la Cañada. Le siguen Arganda, Rivas, San Martín de la Vega y Morata de Tajuña. Por último, la sierra con Rascafría y Guadarrama. “Son bombas que tienen ya unos ochenta años pero que pueden explosionar sin ningún problema. Están formadas por trilita que puede estar activa si se ha permanecido estable y en buenas condiciones de almacenamiento”, reconoce el sargento.
Los artefactos los suelen encontrar paseantes, cuando hace buen tiempo, o en las construcciones, al horadar los terrenos. También hay aficionados que salen al campo con detectores de metales para buscar granadas y bombas abandonadas. Otras veces les toca intervenir cuando muere una persona mayor que las tenía almacenadas durante años. De hecho, el récord de la Comandancia de Madrid la tiene una bomba guardada en un sótano de Morata de Tajuña. Su peso, 290 kilos, suficientes para derribar medio municipio. Hallada en octubre de 2008, los integrantes del Edex la llevaron a una cantera donde la explosionaron. Las esquirlas se esparcieron en un radio de un kilómetro.
Granadas y bombas de mano. ampliar foto
Granadas y bombas de mano.
Lo importante es que la persona que la encuentre no la toque, que la deje en ese sitio, y que avise al 112 o al 062, afirma el mando. “Ya nos encargaremos de actuar nosotros con ella. Si se tienen que marchar, que señalicen la zona para que nos eviten rastrear metros y metros. A veces hemos estado hasta tres horas hasta que lo hemos encontrado”, recomienda Domingo. El protocolo indica que se desplace al lugar la patrulla más cercana y que compruebe si existe el artefacto. Su trabajo consistirá en proteger la zona de forma que nadie se acerque. “Cada incidencia es un mundo. Unas veces, la aislamos y la explosionamos en el mismo lugar. Otras veces, sobre todo en zonas habitadas, nos toca trasladarlas. Las envolvemos en una manta antiexplosiva y la llevamos a un área segura”, explica un agente del Edex. Lo que no suelen hacer nunca es desactivarla: “El riesgo no compensa ni histórica ni materialmente”.
El equipo de un tedax requiere una gran forma física. El traje pesa 27 kilos y el casco, otros cinco. Ponerse esta prenda ya es un reto. Se precisa un cuello fuerte y no moverse con rapidez para no marearse. Lleva una visera muy potente para evitar una posible onda expansiva.
El año pasado los agentes del Edex de Madrid tuvieron que neutralizar 73 explosivos en diferentes puntos de la región. Eso no significa que haya sido toda su actividad en 2016. Al revés, hacen una media de tres o cuatro salidas a la semana y comprueban zonas antes de grandes actos a los que concurren mucha gente o personalidades. Entre ellos, la vuelta ciclista o el circuito del Jarama entre otros muchos. “No solo tocamos temas de explosivos. Nuestra especialidad también implica riesgos radiactivo, nuclear, químico o biológico [NRBQ]“, explica el sargento primero. La mayor actividad se dio en la época de grandes obras, como el AVE.

Cajeros automáticos

También analizan los artefactos explosionados, como el usado en diciembre del año pasado para reventar un cajero en pleno centro de Majadahonda. Este sistema ya era utilizado en los países del este de Europa al principio de los años 2000 y poco a poco se ha introducido en el centro de Europa, a través de Italia, Alemania y Francia hasta llegar ahora a España.
“Nosotros recibimos información de las técnicas terroristas e información de organismos internacionales como Europol y el FBI, entre otros. Cuando se produce un delito con explosivos, ya tenemos conocimiento de si se ha empleado en otras zonas antes”, concluye Domingo.

Las bengalas, un problema añadido cuando caducan

Uno de los productos que más reciben los especialistas en desactivación de explosivos son las bengalas de las embarcaciones. Estos productos, que resultan bastante peligrosos, tienen una fecha de caducidad, tras lo cual quedan inservibles para su uso.
Los propietarios de los barcos, al comprarlas, pagan un impuesto para la hora de tener de deshacerse de ellas, pero muchos lo desconocen. Eso hace que muchas veces vayan con ellas a los cuarteles de la Guardia Civil o incluso lo dejen en la puerta, aprovechando el horario en que no están abiertos al público. “Todo esto no los remiten y nosotros nos encargamos de neutralizarlos”, reconoce el sargento primero, Juan Domingo.
Los agentes también tienen en su exposición los diferentes detonadores de las bombas que han desactivado en los últimos años. Muchos son auténticas obras de arte, que incluyen temporizadores, a veces muy rudimentarios.

martes, 14 de marzo de 2017

El 11-M y la izquierda islamófoba


Libertad Digital


 2017-03-11 Luis del Pino.
Hoy es el decimotercer aniversario de la masacre del 11 de marzo. Permítanme que rescate un artículo que publiqué en su día sobre las primeras horas de las supuestas investigaciones que dieron nacimiento a la versión oficial.
Veamos CÓMO SE FABRICA UN SOSPECHOSO HABITUAL
La detención
Una de las cosas que más llama la atención en el 11-M es la extraordinaria rapidez con que nuestras fuerzas policiales lograron detener, en menos de 60 horas, a los primeros implicados en los hechos. ¡Eso se llama efectividad!
Cuando la Policía encontró, 18 horas después de la masacre, una mochila-bomba milagrosamente intacta en una comisaría de Vallecas, la máquina de la investigación oficial del 11-M se puso en marcha.
En aquella mochila-bomba había dinamita, medio kilo de metralla y, además, un teléfono y una tarjeta telefónica, utilizados para detonar el artefacto. Y, al indagar dónde se había comercializado aquella tarjeta, se comprobó que quien la había vendido era una tienda de telefonía de Lavapiés, propiedad de ese marroquí llamado Jamal Zougham, el único supuesto autor material del 11-M que está en la cárcel.
A las doce y media de la mañana del 13-M, el Comisario General de Información, Jesús de la Morena, recibió una llamada en su despacho. Era Mariano Rayón, comisario jefe de la Unidad Central de Información Exterior, para decirle que el vendedor de la tarjeta, Jamal Zougham, ya había sido investigado anteriormente por su presunta relación con radicales islámicos. Horas después, Zougham era detenido en su tienda de Lavapiés, en plena jornada de reflexión para las elecciones de 2004.
Desde entonces, Jamal Zougham está en la cárcel. La Audiencia Nacional, primero, y el Tribunal Supremo, después, le han condenado a más de 40.000 años de prisión, considerándole autor material de los atentados del 11-M. Aunque, curiosamente, al final no fue condenado por la razón por la que fue inicialmente detenido, es decir, por vender ninguna tarjeta telefónica (porque eso no es un delito), sino porque muchas semanas después de su detención aparecieron dos testigos enormemente cuestionables que decían haberle visto en los trenes de la muerte.
Sospechoso habitual
Así pues, la extraordinaria rapidez de esas primeras detenciones del 13-M se debió, según la propia historia oficial, a que el nombre de Zougham ya era "conocido" de la Policía.
¿Y de qué era conocido ese nombre? Así es como el propio comisario Mariano Rayón se lo explicaba al fiscal Javier Zaragoza en el juicio del 11-M:
Para nosotros era una persona importante, porque ya nos había aparecido en el contexto de una comisión rogatoria de las autoridades judiciales francesas, creo que era en relación con un personaje llamado David Courtailler, francés, detenido por temas de terrorismo.
El asunto está, como se ve, bastante claro: si se pudo detener tan rápidamente a Zougham era porque ya estaba, desde unos años antes del 11-M, en la lista de "sospechosos habituales", a raíz de una comisión rogatoria enviada desde Francia.
Esa es la historia que desde el principio nos han contado, y que justifica esa "puntería" que las fuerzas policiales tuvieron a la hora de efectuar las primeras detenciones en un tiempo récord.
Lo que pasa es que las historias, a veces, no son lo que parecen.
La comisión rogatoria
¿Cómo fue, exactamente, ese episodio de la comisión rogatoria que hizo que Jamal Zougham ingresara en la lista de "sospechosos habituales" de terrorismo islámico?
Efectivamente, el 13 de marzo de 2000 (es decir, al día siguiente de la victoria de Aznar por mayoría absoluta), el comisario de la UCIE, Mariano Rayón, remitió a la Audiencia Nacional la traducción de una comisión rogatoria enviada por el juez Jean Louis Bruguiere desde Francia. En esa comisión rogatoria francesa se afirmaba que en la agenda del presunto terrorista David Courtailler se habían encontrado algunos números telefónicos españoles y, entre ellos, el 913974002, "suscrito a nombre de Aicha ACHAB [la madre de Zougham], domiciliada en la C/ Sequillo de Madrid. Según las declaraciones de COURTAILLER, este número le habría permitido contactar a un tal Djamal, a quien habría conocido en la mezquita de Madrid" (ver Documento 1).
Con esto, parece que está clara la respuesta a nuestra pregunta inicial: Jamal Zougham entró en el circuito de los sospechosos habituales de terrorismo porque en la agenda del terrorista francés David Courtailler apareció en el año 2000 el teléfono de su casa, ¿verdad?
Eso es lo que parece. Pero, como decíamos antes, las apariencias a veces engañan. Fíjense bien en el teléfono que hemos mencionado, 913974002, porque (como vamos a ver) cada uno de los dígitos que lo componen tiene una gran importancia.
Primera mutación del teléfono
Lo que los franceses querían pedir, en relación con Jamal Zougham y su madre, era que se les tomara declaración como testigos, que se obtuviera de la compañía telefónica el listado de llamadas de su teléfono y que se registrara su domicilio.
Sin embargo, al detallar las solicitudes, lo que los franceses pidieron realmente fue que se consiguieran los listados de llamadas del teléfono... 913974802, en lugar del que habían indicado al principio (ver Documento 2). Entre una y otra mención del teléfono, cambiaba un dígito:
913974002 -> 913974802 (cambia un 0 por un 8)
Como vemos, la cosa empieza a complicarse, porque ahora nos surge una duda: ¿cuál era el teléfono que se encontró en la agenda del terrorista francés David Courtailler? ¿El 913974002 o el 913974802? Porque, evidentemente, las consecuencias para Zougham y su madre eran completamente distintas, según que hubiera aparecido un teléfono u otro.
Segunda mutación del teléfono
El 20 de marzo de 2000, el juez de la Audiencia Nacional Ismael Moreno, que era a quien le había correspondido el asunto por reparto, envió un oficio a la compañía telefónica para obtener los listados de llamadas del teléfono de la madre de Jamal Zougham.
Pero, en lugar de solicitar los listados del 913974802 (que era exactamente lo que los franceses habían pedido), lo que el juez Moreno solicitó fue que le mandaran el listado de llamadas del teléfono... 613974802 (ver Documento 3):
¡Se habían equivocado al transcribir el número! En el auto judicial, lo que en un principio era un teléfono fijo (ya que empezaba por 9), se había transformado en un móvil (que empezaba por 6):
913974802 -> 613974802 (cambia el 9 por un 6)
Evidentemente, se trataba de un simple error de transcripción, que tenía fácil solución, como a continuación veremos, pero que introdujo un cierto retardo en el proceso.
Tercera mutación del teléfono
El 4 de octubre de 2000 (es decir, más de seis meses después), Telefónica Móviles comunicaba al juez que el número 613974802 no existía (ver Documento 4).
Trece días después, el 13 de octubre, el juez envió un nuevo oficio a la compañía telefónica, esta vez referido al número correcto (ver Documento 5).
613974802 -> 913974802 (se deshace el error de transcripción anterior)
Cuarta mutación del teléfono
En esta ocasión, Telefónica se dio más prisa en responder. El 19 de octubre de 2000 le enviaba la contestación al juez Moreno. Pero, sorprendentemente, lo que había resultado al realizar las correspondientes indagaciones es que el teléfono en cuestión no pertenecía a la madre de Zougham, sino... a la Universidad Autónoma de Madrid (ver Documento 6).
¡Pero entonces, era falso que ese teléfono 913974802 fuera de la madre de Zougham! ¿De dónde se habían sacado los franceses que el teléfono en cuestión le pertenecía a esa mujer?
¿O es que el número verdadero que apareció en la agenda del terrorista Courtailler era el que habían indicado los franceses al principio, el 913974002, y no el 913974802?
Desde el punto de vista jurídico, este episodio hubiera debido dejar sin efecto las solicitudes de los franceses en relación a Zougham y su madre, por lo menos hasta que se aclarara el lío de los teléfonos. Puesto que la solicitud de registrar el domicilio de Zougham y de tomarle declaración a él y a su madre se basaba en que en la agenda de un terrorista había aparecido el teléfono de la madre, ahora que Telefónica había dicho que ese teléfono no era en realidad de la madre, no había ningún motivo para continuar adelante con más indagaciones.
Sin embargo, después de diversas peripecias jurídicas, la Policía procedió, el 11 de junio de 2001, a registrar con autorización judicial el domicilio de Zougham y de su madre en la C/ Sequillo de Madrid.
Y al día siguiente, 12 de junio, en presencia del juez francés Jean Louis Brouguiere, se tomaba declaración como testigos, en la Audiencia Nacional, a Aicha Achab y a su hijo Jamal Zougham.
Y aquí viene lo mejor de todo.
Al tomarle declaración a la madre de Zougham, el juez español le preguntó, en presencia del juez francés, que desde cuándo era propietaria del número de teléfono 913974802.
Y, entonces, la madre de Zougham respondió que ese teléfono no era suyo (lógico, dado que el teléfono pertenecía a la Universidad Autónoma de Madrid) y que su teléfono era... ¡el 913774802!
¡O sea, que el teléfono del domicilio de Zougham no coincidía con ninguno de los que las autoridades francesas y españolas habían estado barajando (ver Documento 7)!
913974802 -> 913774802 (cambia un 9 por un 7)
Así pues, era mentira desde el principio que en la agenda del terrorista Courtailler hubiera aparecido el teléfono del domicilio de Zougham. Lo que había aparecido era un número telefónico que correspondía (como ya hemos visto) a la Universidad Autónoma de Madrid.
Es decir, que a Jamal Zougham se le introduce en el circuito de "sospechosos habituales" de terrorismo islámico porque en la agenda de un terrorista detenido en Francia se encontró un teléfono que simplemente se parecía al del domicilio de Zougham, pero que difería en un dígito de él.
Finalmente, el 14 de septiembre de 2001 (tres días después del atentado de Al Qaeda en Nueva York), se cerraron repentinamente las diligencias abiertas con motivo de la comisión rogatoria contra Zougham enviada desde Francia, sin que en ningún momento se detuviera a Zougham, ni a su madre, y sin que en ningún momento llegara a formularse ningún tipo de acusación contra ellos.
Todo se había debido a un error.
¿Saben ustedes qué es lo más curioso? Pues que el 20 de junio de 2001, ocho días después de su declaración ante el juez de la Audiencia Nacional y su colega francés, se le concedía a Jamal Zougham el permiso permanente de residencia en España. Lo tenía solicitado desde el 19 de octubre de 1999, pero se le concedió justo después de celebrarse la comparecencia motivada por la comisión rogatoria francesa. Supongo que si hubiera existido la más mínima duda sobre la peligrosidad de Zougham, ese permiso no habría sido concedido.
Errores que nunca se deshacen
Sin embargo, a partir de aquel momento, Zougham (que carecía de antecedentes penales y a quien se había metido en la historia a partir de un teléfono que no era suyo) quedaría ya marcado para siempre como sospechoso habitual de terrorismo islámico, lo que terminaría conduciendo a su detención en plena jornada de reflexión de las elecciones de 2004, como presunto responsable de los atentados del 11-M.
Ni siquiera podría ya librarse nunca de esas acusaciones que le vinculaban (falsamente) a David Courtailler. Hagan ustedes la prueba de buscar en Internet (por ejemplo con Google) los nombres de Zougham y Courtailler. Verán que aparecen cientos de páginas de noticias donde se da por "probada" esa falsa relación entre los dos personajes.
Aunque no es necesario acudir a Internet para verificar el largo recorrido que tienen las mentiras y los errores. Como hemos visto al principio, el propio comisario Mariano Rayón volvió a repetir en el juicio del 11-M la cantinela de la (falsa) relación entre Zougham y Courtailler, a pesar de que él debía conocer, mejor que nadie, que aquel episodio de la comisión rogatoria francesa cumplimentada unos años atrás no había sido sino un auténtico fiasco.
Un error tan providencial
Volvamos a plantearnos la pregunta que nos hacíamos al principio: ¿cómo pudo la Policía detener en un tiempo récord de 60 horas a los primeros implicados en el 11-M?
Y resulta que la respuesta es: porque la tarjeta de la mochila de Vallecas había sido comercializada por alguien a quien se había metido en la lista de "sospechosos habituales" cuatro años antes del 11-M gracias a un error judicial. Error que no sabemos si responde a la mera casualidad o si deriva de un intento chapucero de "marcar" a Zougham desde el principio.
O sea, que si no hubiera sido por ese error judicial cometido 4 años antes del 11-M, no habríamos podido detener a nadie durante la jornada de reflexión de las elecciones de 2004.
Qué error tan providencial, ¿verdad?
La izquierda islamófoba
Resumamos entonces: tras el 11-M, se produce una masiva destrucción de pruebas, achatarrándose los escenarios de los crímenes y haciendo aparecer, en su lugar, una mochila-bomba en una comisaría de policía, 18 horas después de la masacre.
De esa mochila sabemos que no es como las bombas que detonaron en los trenes (porque la mochila de Vallecas tenía metralla y las bombas de los trenes no). Sin embargo, tirando del hilo de una tarjeta telefónica encontrada en esa prueba falsa, se detiene casi enseguida a un marroquí a quien se introdujo cuatro años antes en el circuito de sospechosos habituales por un extrañísimo error judicial.
Si esto hubiera pasado con cualquier otro caso, la izquierda española estaría denunciando la islamofobia de los jueces y de la policía españoles, porque está claro que a Zougham se le detiene por el único motivo de que hacía falta detener a un moro.
Sin embargo, como estamos hablando del 11-M, la izquierda española calla e incluso intenta desacreditar a quienes denuncian el escándalo de que las investigaciones sobre la mayor masacre terrorista de nuestro país se basen en una prueba manifiestamente falsa y en una detención absolutamente arbitraria.
Así que permitidme que os de una mala noticia, chicos: lo queráis o no, sois islamófobos. Porque quien consiente por razones políticas o de estado la detención arbitraria de un musulmán contribuye, le guste o no le guste, a alimentar la islamofobia.
La próxima vez que os miréis al espejo, deciros: "Si la gente piensa que el Islam es terrorismo es, entre otras razones, porque yo he consentido que a un moro se le enmarrone en el 11-M por el simple hecho de ser moro".
Hala, salud.